Buena parte del trabajo que estamos haciendo en Fragas do Mandeo tiene muy poca visibilidad. Un ejemplo es la labor que hemos estado realizando en las últimas fechas y finalizamos hoy.
Creamos la Reserva de Anfibios de O Catorce en el año 2016. El objetivo de su existencia es mantener en buenas condiciones un espacio que, según nos indicaron los herpetólogos que lo conocen, resulta ser el mejor enclave para la reproducción de anfibios del término municipal de Coirós. De hecho, en la reserva crían 11 especies de anfibios, de las 14 especies autóctonas gallegas. Por ese motivo debemos conservar en buenas condiciones el hábitat de este grupo faunístico tan amenazado por la crisis climática.
Pero no basta con crear una reserva: también hay que mantenerla a lo largo de los años. Periódicamente tenemos que ejecutar tareas tales como eliminar invasoras, desbrozar los caminos y las bandas de protección contra el fuego, o limpiar las cunetas para que corra el agua cara a las charcas. Pero estos días hemos estado ocupados en una labor que solamente hay que facer de tarde en tarde: el rejuvenecimiento de las charcas.
Tojos, escobas, zarzas y sauces crecen muy rápidamente. Van ocupando poco a poco el espacio de las charcas, reduciendo la lámina de agua, dando exceso de sombra y llenando el agua de hojas caídas, que luego se van pudriendo y consecuentemente reducen el oxígeno disuelto. Como no tenemos grandes herbívoros —ni silvestres ni domésticos— que limiten este crecimiento, tenemos que substituirlos con trabajo manual, siempre respetando cierta heterogeneidad en la vegetación.
La reserva presenta ahora las cicatrices de la intervención. Pero en la próxima primavera volverá a renacer con aún más esplendor: las tres especies de orquídeas presentes tendrán más luz, las lechuzas gozarán de más espacio libre para cazar y, ya este inverno, los anfibios encontrarán mejores condiciones para reproducirse.
Pero también hay labores que por pequeñas pasarán desapercibidas, como lavar los paneles informativos y las verjas, barrer los dos refugios, retirar los escombros de una vieja pared que cayó, etc.
En resumen, unas actuaciones que han requerido en total 61 horas de trabajo imprescindible, pero no siempre percibido por los visitantes ocasionales. Por ese motivo, con frecuencia hablamos de que hacemos una labor invisible.


















