Con la jornada de voluntariado ambiental de hoy hemos dado por finalizada la temporada de reforestación de este año, algo retrasada por el pasado tren de borrascas.
En esta ocasión nos juntamos nueve personas. Destinamos la mañana a acabar de amontonar el abundante ramaje de eucalipto que encontramos tirado por toda la parcela cuando la compramos. Poco antes de dar por finalizada la jornada, les hicimos a los participantes una demostración de nuestro método de plantación, pues está logrando interés por su gran eficacia.
Esta temporada plantamos la mitad de árboles que en la campaña anterior. Por el contrario, el esfuerzo fue superior, por el complicado estado inicial de la parcela. La mayor parte de la labor consistió tanto en amontonar el ramaje como en desbrozar las zarzas que obstaculizaban el trabajo.
Como balance final, podemos decir que hemos plantado 334 árboles en los 7.125 m2 de superficie de la parcela; también hemos puesto tutores a más de 200 árboles que habían sido abatidos en la corta inicial de los eucaliptos. A partir de ahora crecerá allí una agrupación de 20 especies distintas, lo que supone la práctica totalidad de las que son autóctonas de nuestra comarca. En la sección «Los árbores autóctonos» puede verse la lista de las especies empleadas (con la excepción del melojo y del mundillo, por no adecuarse a las características de la parcela).
Los ejemplares utilizados han sido reproducidos en nuestro vivero con semilla recogida en la propia comarca. Esto garantiza que su genética sea de ecotipo local, adaptada a la climatología y al suelo. El substrato usado es de producción propia, con lo que tenemos la seguridad de que no porta accidentalmente especies exóticas invasoras ni de flora ni de fauna invertebrada. A esto se añade que contiene hongos similares a los que hay en el monte, por lo que la micorrización de las raíces será óptima.
Con esta actuación logramos el objetivo de avanzar en la recuperación del bosque autóctono que acompaña al río Mandeo, aumentando su extensión, reduciendo la fragmentación del bosque causada por las explotaciones forestales y aumentando la conectividad de los hábitats ligados al río. De paso, también favorecemos la heterogeneidad arbórea, pues reforzamos la presencia de especies raras o escasas, ganando de paso diversidad estructural gracias al uso de distintas especies. Cuando crezcan darán numerosas flores que aprovecharán los polinizadores silvestres; por su lado, aves y mamíferos sacarán provecho de sus frutos, esparciendo las semillas por las cercanías. Todo lo plantado convivirá con los árboles que sobrevivieron a la corta de los eucaliptos, entre ellos algún roble albar tan viejo que el perímetro do su tronco mide actualmente 187 centímetros.
Ahora habrá que cuidar de los árboles plantados hasta que ya tengan un porte suficientemente grande como para valerse por ellos mismos. Pero para nosotros el gran reto es multiplicar acciones como ésta, favoreciendo así la restauración del bosque autóctono en la zona de policía del río —100 metros de ancho en cada orilla— y en las laderas de mayor pendiente. De este modo reforzaremos servicios ecosistémicos tan importantes como la regulación de los recursos hídricos, la defensa contra la erosión de los suelos, los cortafuegos naturales frente a los incendios o la limitación del impacto de la contaminación difusa.
Pero para lograrlo precisamos la cooperación de toda la ciudadanía. En nuestra sección «Colabora» explicamos cómo puedes apoyar económicamente esta hermosa tarea de recuperar nuestros bosques autóctonos.


















